segunda-feira, 29 de junho de 2009

Honduras: Mais detalhes e batidores.




La campaña de Hugo Chávez para forjar una coalición sufrió un revés ayer cuando las Fuerzas Armadas de Honduras derrocó a su presidente por abusar de la Constitución del país. Al parecer, el presidente Manuel Zelaya calculó mal cuando intentó emular el éxito de su buen amigo Hugo en reformar la constitución hondureña a su gusto… La Organización de Estados Americanos (OEA), que pasó por alto los abusos de Zelaya, también lo quiere de vuelta en el poder. Será un milagro si los patriotas hondureños pueden mantenerse firmes.

Honduras defiende su democracia
Por Mary Anastasia O’Grady

Al parecer, el presidente Manuel Zelaya calculó mal cuando intentó emular el éxito de su buen amigo Hugo en reformar la constitución hondureña a su gusto.
Un fantoche menos para Chávez

La campaña de Hugo Chávez para forjar una coalición sufrió un revés ayer cuando las Fuerzas Armadas de Honduras derrocó a su presidente por abusar de la Constitución del país.

Al parecer, el presidente Manuel Zelaya calculó mal cuando intentó emular el éxito de su buen amigo Hugo en reformar la constitución hondureña a su gusto.

Honduras, sin embargo, todavía no está a salvo de Venezuela. Ayer, personas como Fidel Castro, Daniel Ortega, Hillary Clinton y, por supuesto, el mismísimo Hugo, presionaban al país centroamericano para que restaurara al autoritario Zelaya. La Organización de Estados Americanos (OEA), que pasó por alto los abusos de Zelaya, también lo quiere de vuelta en el poder. Será un milagro si los patriotas hondureños pueden mantenerse firmes.

No cabe duda que Zelaya actuó como si estuviera por encima de la ley. Aunque las leyes hondureñas permiten una reforma constitucional, el poder de abrir esa puerta no reside en el presidente. Una asamblea constituyente sólo puede ser convocada mediante un referendo nacional aprobado por el Congreso.

Zelaya, sin embargo, declaró el voto por su cuenta e hizo que Chávez enviara las papeletas necesarias desde Venezuela. La Corte Suprema falló que el referendo era inconstitucional e instruyó al ejército no llevar a cabo la logística del voto, lo que es su tarea habitual.

El comandante del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, el general Romeo Vásquez Velásquez, le dijo al presidente que tendría que obedecer. Zelaya lo destituyó prontamente. La Corte Suprema ordenó que lo restituyeran, pero Zelaya se negó.

Calculando que una masa crítica de hondureños estaría de su lado, el presidente decidió llevar a cabo el referendo por su cuenta. El jueves, por lo tanto, lideró a una muchedumbre que ingresó a una instalación militar donde estaban guardadas las papeletas enviadas desde Venezuela y luego hizo que sus partidarios las distribuyeran en un desafío a la orden de la Corte Suprema.

El procurador general ya había dejado en claro que el referendo era ilegal e incluso anunció que presentaría cargos contra cualquiera que estuviera involucrado en su realización. Ayer, Zelaya fue arrestado por los militares y se dirigió a Costa Rica.

Queda por ver cuál será el próximo paso de Zelaya. No es de extrañar que los chavistas a lo largo de la región afirmen que fue víctima de un golpe militar. Quieren ocultar el hecho que las Fuerzas Armadas acataron una orden de la Justicia para defender el estado de derecho y la Constitución y que el Congreso también se hizo valer por este motivo.

Hillary Clinton también se ha sumado a las críticas. Ayer, la secretaria de Estado de EE.UU. acusó a Honduras de violar “los preceptos de la Carta Democrática Interamericana” y dijo que debería ser “condenada por todos”. Eso fue, precisamente, lo que hizo Fidel Castro. Chávez prometió derrocar al nuevo gobierno.

Honduras lucha contra las críticas siguiendo la Constitución al pie de la letra. El Congreso convocó ayer a una sesión de emergencia y designó a su líder como presidente interino del país, tal como lo estipula la ley. También indicó que las elecciones presidenciales fijadas para noviembre se llevarán a cabo. La Corte Suprema afirmó posteriormente que los militares siguieron sus órdenes y que cuando Zelaya se dio cuenta que iba a ser procesado por su comportamiento ilegal, aceptó la oferta de renunciar a cambio de una salida segura del país. Zelaya niega esto.

Muchos hondureños van a celebrar la excursión de Zelaya al extranjero. La semana pasada ya habían comenzado manifestaciones callejeras contra sus duras tácticas. El viernes, fue el turno de una gran cantidad de reservistas militares. “Queremos vivir en paz, libertad y desarrollo”, era el grito.

Además de la oposición del Congreso, la Corte Suprema, el tribunal electoral y el procurador general, el presidente se había convertido en persona non grata para la Iglesia Católica y numerosos líderes de la Iglesia Evangélica. El jueves, su propio partido patrocinó en el Congreso una resolución para investigar si Zelaya está capacitado mentalmente para permanecer en el cargo.

Para los hondureños que aún recuerdan la dictadura militar, Zelaya también tiene otro problema: las malas amistades. Este mes, fue anfitrión de la Asamblea General de la OEA y lideró el esfuerzo, junto al secretario general de la agrupación, José Miguel Insulza, para reintegrar a Cuba a la supuesta organización democrática.

La reacción de la OEA no constituye ninguna sorpresa. El ex embajador argentino ante Naciones Unidas, Emilio Cárdenas, me manifestó el sábado su preocupación de que “la OEA bajo Insulza no ha tomado en serio la llamada ‘carta democrática’. Parece que cree que sólo los ‘golpes’ militares pueden desafiar a la democracia. La verdad es que la democracia puede ser desafiada desde dentro, como muestran las experiencias de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y ahora Honduras”. Una interpretación menos amable de la opinión de Insulza es que no le preocupan los golpes al estilo Chávez.

La lucha contra el chavismo nunca ha sido sobre las políticas de derecha o de izquierda. Se trata de defender la independencia de las instituciones que impiden que los presidentes se vuelvan dictadores. Esta crisis delinea claramente el problema. Al no salir en ayuda del equilibrio de poderes, Clinton e Insulza dejan en evidencia sus verdaderos colores.
© The Wall Street Journal
Tomado de Diario de América
29/6/2009

Martha Colmenares


OUTRAS RESENHAS, COMENTÁRIOS e BUFONICES:

O nome da quase crise em Honduras é um só: Hugo Chávez. O bufão exporta não apenas a sua revolução, mas também a suas ventura. Golpe gorila? Em golpes gorilas, o dirigente deposto é morto ou preso, não retirado do país. Há uma carta-renúncia de Zelaya. Ele diz ser falsa. O mais provável é que a Justiça do país tenha determinado a sua prisão em razão do reiterado desrespeito à Constituição, e, seguindo a orientação de Chávez, ele tenha negociado a saída do cargo para, uma vez fora, dar início à gritaria, acusando o golpe de Estado, tentando, então, a volta por cima. Chávez deve ter usado a si mesmo como exemplo. Derrubado por um setor das Forças Armadas, acabou reempossado. E deu no que deu. Só que a situação interna dos dois países é bem distinta. Zelaya é um neobolivariano sem bolivarianistas para pôr na rua. A população ignorou a sua pantomima. Não tinha também o apoio, tudo indica, de setores das Forças Armadas.

O que está em jogo na pequena Honduras é uma coisa só: o país mantém a sua autonomia, governada por uma Constituição democrática, ou se torna mais uma fazendola de Hugo Chávez? Quem vai decidir, na prática, é BaracK Obama. Honduras depende visceralmente dos EUA para manter uma estabilidade mínima. “Ih, então é aí que mora o perigo”. Sim, é aí que mora o perigo. O que pensa Lula, que se nega a reconhecer o novo governo, para os hondurenhos, é de uma formidável irrelevância. O que vai fazer Obama é vital.

O governo americano é que vai decidir se Hugo Chávez vai anexar mais um “sudetos”…

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Há santos em Honduras? Trata-se de uma luta do Bem contra o Mal? Não há santos em lugar nenhum. Todos os santos, por condição imanente da santidade, estão mortos. E os milagres dos vivos. candidatos a tanto. terão de ser provados depois de sua morte. Assim, não se trata, como querem alguns, da luta entre demônios golpistas usando farda e divindades civilistas. Isso é uma bobagem, uma cretinice.

A questão é bem mais simples e terrena. Trata-se de ter um governo que governa segundo a Constituição democraticamente instituída ou não. Trata-se de ter um governo que respeita ou não os demais Poderes.

Zelaya, o presidente deposto, não queria saber da Constituição — tanto que queria fazer um plebiscito inconstitucional —, do Congresso e do Judiciário. Mandou todos eles às favas. E deu ao Exército uma ordem claramente ilegal. Tudo é de uma espantosa clareza.

De fato, ninguém por ali é santo. Todo mundo é pecador: trata-se de optar entre pecadores que aceitam uma Constituição democrática e pecadores que querem governar como autocratas.

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Venezuela, Bolívia, Equador, Nicarágua… Qual é o problema central desses países? A democracia se tornou apenas um atalho para a ditadura. Honduras estava nesse caminho. Recorre-se a processos constituintes para matar a democracia representativa, instituindo, em seu lugar, formas pilantras de “democracia direta”, que nada mais são do que uma pantomima plebiscitária, manipulada por grupo de pressão. O modelo é tão “popular e democrático”, que acaba erigindo “guias geniais”, “condutores do povo”. Vale dizer: a democracia direta dos bolivarianos precisa de ditadores que se eternizem no poder.

Ignorar o método dessa gente é coisa típica de vigaristas. Golpista, em Honduras, era Zelaya. Até agora, o que aconteceu lá obedece ao mais estrito rigor constitucional, pouco importa se houve renúncia, como parece ter havido, ou deposição. Se o novo governo, caso sobreviva, e os militares não obedecerem ao calendário eleitoral e criarem dificuldades para a oposição democrática, aí, então, a coisa muda de figura.

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Aí, um desses mentecaptos que me detestam, mas que não arredam pé daqui — incrível: ele me escreve todo dia, várias vezes por dia, para dizer o quanto me detesta e quão irrelevante eu sou… — manda-me um tantinho de sua baba hidrófoba: “Você apoiaria um golpe também no Brasil, né, seu…”

Ah, não apoiaria, não! No Brasil, eu não apóio homens. Apóio a Constituição. Digamos que Lula ou qualquer outro queiram jogá-la no lixo, como fez Zelaya; digamos que os outros Poderes da República reajam, mas que o governante de turno decida ignorá-los, ameaçando com um princípio de confronto civil, digamos tudo isso…

Então o que fará este terrível Tio Rei, disposto a apoiar sempre as coisas mais exóticas? Bem, vou evocar o artigo 142 da Constituição com a maior serenidade, sem sofrimento, sem hesitação, em nome da civilidade. E recomendo a esses mequetrefes que o leiam. E lá está escrito para quem sabe ler, no “CAPÍTULO II – DAS FORÇAS ARMADAS”:

Art. 142. As Forças Armadas, constituídas pela Marinha, pelo Exército e pela Aeronáutica, são instituições nacionais permanentes e regulares, organizadas com base na hierarquia e na disciplina, sob a autoridade suprema do Presidente da República, e destinam-se à defesa da Pátria, à garantia dos poderes constitucionais e, por iniciativa de qualquer destes, da lei e da ordem.

É preciso que eu explique o que quer dizer “POR INICIATIVA DE QUALQUER DESTES”? É? Então explico.

Por iniciativa também do Legislativo e do Judiciário, as Forças Armadas podem ser chamadas a garantir “a lei e a ordem” se elas estiverem sendo violadas — e ninguém pode violá-las, nem o presidente da República.

O presidente é o comandante-em-chefe das Forças Armadas NA GARANTIA DA CONSTITUIÇÃO, NÃO CONTRA ELA.

Acreditem: assim é em todas as democracias do mundo.

Convenham: agora tive de desenhar! Percebeu, desafeto apaixonado? Se não conseguir entender o desenho, tente engoli-lo. Quem sabe o estômago processe o que o cérebro não alcança, de sorte que o resultado final do processo enzimático seja superior àquilo que você envia em comentários.

Honduras não é metáfora sobre o Brasil. Se fosse, conviria ler a Constituição.


por Reinaldo Azevedo


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